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Aspectos formales en el comentario de texto

ASPECTOS FORMALES MÁS SIGNIFICATIVOS DEL TEXTO

– La expresión de la intensidad y de la violencia de la naturaleza se logra en el nivel fonológico a través de la aliteración de sonidos sordos y vibrantes («vomitar la tierra sus entrañas»). En el nivel morfosintáctico, se recurre a la ruptura sintáctica del hipérbaton («duras puentes romper, cual tiernas cañas, / arroyos prodigiosos, ríos violentos»); a la enumeración y acumulación de imágenes violentas (del verso 2 al 13) que reflejan el dinamismo y el ritmo ascendente de las aguas; al uso de adjetivos especificativos que designan cualidades como la fuerza o el ímpetu («arroyos prodigiosos», «ríos violentos»), y al empleo de verbos que se refieren en su mayoría a acciones repentinas, rápidas o incontroladas evocadas en infinitivo («cascarse», «desbocarse», «vomitar» y «romper»). En el nivel semántico, destaca la personificación de los elementos naturales que colabora a reforzar el poder de estos agentes («la tierra vomita») y la hipérbole, que intensifica los efectos del desastre. Así, los arroyos y los ríos que tienen su origen en el huracán y en el diluvio no solo no pueden ser cruzados, sino que tampoco pueden ser vadeados por aquella capacidad más alta que el hombre tiene para «volar»: el pensamiento.
Pero el enorme poder de la naturaleza se expresa también a través del contraste entre la dureza aparente de los elementos arrasados y la debilidad que estos muestran. Así, la destrucción es tanto más terrible cuanto más sólidos son los pilares que la tormenta destruye. Esta oposición se establece fundamentalmente mediante procedimientos morfológicos y semánticos como la antítesis («duras puentes romper, cual tiernas cañas») que refleja el enfrentamiento entre fuerzas y resistencias o el empleo de adjetivos explicativos que resaltan la grandeza de las realidades devastadas (altas torres, duras puentes). Estas realidades están designadas por sustantivos que, directa o indirectamente, se refieren al hombre, al efecto de su acción o a la ejecución de sus actividades (torres, puentes, gentes, pastores, perros, chozas, ganados). El contraste se establece, por tanto, entre lo caótico, irracional e inerte de la naturaleza y lo ordenado y racional de la actividad humana.

– La expresión de la desolación que deja la naturaleza desatada tras su paso está presente en el último terceto. Esta se muestra a través de recursos fonológicos como la aliteración de sibilantes («sobre las aguas vi, sin forma y vidas»), que parece reproducir la trágica calma –muerte y destrucción– que reina después de la tormenta. En el plano morfosintáctico, este abandono y caos se manifiesta mediante la ruptura en esta estrofa del ritmo binario y ordenado que, a través de anáforas y continuos paralelismos, se había establecido a lo largo de todo el poema. Asimismo, en esta última parte, se renuncia al uso de adjetivos y determinantes, lo que colabora a resaltar la desnudez de la tierra arrasada, y los verbos dejan de expresar acción para prácticamente desaparecer. Las escasas formas verbales presentes («vi», «temí») recuperan la primera persona abandonada al comienzo y permiten que la voz poética se centre de nuevo en lo que realmente importa transmitir: la intensidad de sus sentimientos. Del mismo modo, la ausencia de palabras que se refieran al color configura una escena en blanco y negro que da realce al duro y desolado estado anímico del poeta.


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